Ale ale ale... otra vez por aquí.
Me gusta encerrarme por un momento en mi cuarto para dejar que mis dedos escriban antes que mi cabeza y llenar esto con unas líneas.
Hoy he estado con una persona con la que no estaba desde el 19 de enero... y sí, he estado a gusto, cómodo, risueño, serio y muchas emociones más se acumulaban en mi cabeza peleando por salir sin ningún éxito.
Me he puesto serio, he tenido una conversación "adulta" y ya se porqué no me gustan... No son mi estilo.
Otra vez, me he vuelto a sentir culpable por algo que se me fue de las manos y que pude controlar, pero que mi instinto o cualquier otra excusa que pueda poner, no me dejó.
Así que allí me hallaba, con la verdad por delante y un cortado en frente mío que hacía las veces de distracción cuando me resultaba incomoda alguna pregunta, o simplemente cuando necesitaba pensar.
Tocar. Sí. Me encanta y además, no sé por qué, no puedo evitarlo, me demuestra confianza, algo alcanzable, una muestra de cariño, de aceptación. No me he vuelto loco, ya lo estaba. Ahora solo lo demuestro.
Y bueno, dejando una entrada poco productiva y un tanto extraña, me despido. Cómo no con algo muy mio:
No hay color extraño que me hable de la vida,
el pesimista solo ve, una botella vacía,
que le incita al desafio de saber montar historias,
que nunca verán la luz, por los giros de mis norias.
Equivocaciones siempre hubo en bocas de extraños,
Y aun que el odio exista pasados ya los tres años,
prefiero decir que valgo para cualquier apaño,
de un "te cambio una sonrisa" por un "me hace menos daño".
Esta vez los 26 abriles se moverán lentamente,
hasta el siguiente día que te llame para verte,
con historias reprimidas en el borde de un balcón,
que si saltan se suicidan por un verdadero amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario