Lo dicho. Anonadado.
Más de mil vueltas en la mesa, daba mi cabeza presa, sin poder articular palabra... Todavía no sé que me pasa.
En fin, después de ese extraño momento metidos en el coche sin hablarnos durante un ratete, Roberto y yo nos miramos. No hacía falta decir ni una sola palabra. Una mirada fue suficiente para respondernos a una pregunta aún no formulada (abstenerse personas con pensamientos homosexuales).
Fuime a "dormir". Levántome de la cama por falta de sueño. Bajé las escaleras dubitativo mientras esa duda corría y corría por mi mente. El run-run.
Un vaso de agua fría, como ella, recorrió mi garganta dejando un fino hilo de frescor a lo largo de toda la parte superior de mi cuerpo.
Volvíme a la cama a intentar dormir. Los minutos pasaban. Yo: Ojiplático.
Intenté dejar de pensar, trabajo hecho en vano, ya que lo único que intentaba era auto-engañarme a mi mismo.
Al final, como solución, acabé pensando que eran paranoias mías, que aquello nunca había pasado, y que, en caso de que hubiera pasado, la entonación sería otra. La de broma.
Tranquilo, intente relajarme pensando en eso, en que todo había sido producto de nuestra imaginación y caí sumido en un sueño profundo; eso sí, a las 6 y 15 de la mañana.
A día de hoy, despiértome pensando en lo oído... Interesante cuanto menos, pero más que anonadado.
Está bien solo un par de cosillas (crítica constructiva, no por tocar las narices): Levántome no existe, es levantóme y despiértome tampoco existe, en todo caso despertóme.
ResponderEliminarMe has dejado con la duda de lo que va tu entrada...