Bien, empecemos de nuevo a ponerle ese pequeño hilo de tristeza con una nueva entrada al blog.
No quiero que entendáis que todo lo que escribo, lo escribo con pena, ya que no es así. Ya le pondréis significado al final.
Insomnio. eso es lo único que me mantenía despierto (evitad decir que es malo, empieza como reflexión).
No quería esperar más, estaba deseando coger el coche y salir pitando a donde fuera.
Me levanté, y mi primera parada fue en la nevera, un trago de agua fresquita, y vuelta al piso de arriba.
Ultimé el equipaje con intención del menor descuido.
Mente fría, tenía que llegar a todo.
Me subí en el coche con toda mi ilusión y mi alegría, con el camino más o menos claro hasta casa de Gema. Allí llegué antes de lo esperado, pero todo salió según lo hablado. Salió Gema, con su carita de medio sueño, medio no. Cargaba su mochila al hombro, la metimos al maletero, y salimos rumbo a casa de Roberto, el informático que no estaba a su hora por culpa de un tal "Windows 7". Bajó cargado con botellas llenas de los licores de la diversión y el placer de una buena noche. Con la música del tetris en mi cabeza, metimos todo en la parte de atrás de aquel brillante coche color "rojo pistacho", cerrando la puerta para que no se escapara ni un trocito de las ganas que teníamos de llegar allí.
Puerta del Classic. Aparcamiento. Bajamos del coche para reunirnos con los que faltaban para aquel viaje.
Frío, calor, nervio, alegría, descontrol, sin palabras. Era Ana. Mi Anita. Un abrazo me conmovió tanto que no supe que decir. Saludamos después a los demás. Jony (y su compañero de 4 ruedas que se sumó al viaje), Chele, el fiel compañero, y su novia Elena, que demostró en el viaje saber divertirse.
Salimos de ahí y nos dirigimos hacia la estación de Huesca. Llegamos. Alli, a pie de estación desenvolvimos el papel de nuestros bocadillos y empezamos a comer para "hacer tiempo" hasta que viniera él.
Unos tumbados, otros hablando, algún que otro leyendo un prospecto de medicamento, cuando de repente, por la puerta de la estación, con una maleta, salió aquél personaje. Dani. Nuestro Dani. El mismo que vestía y calzaba, con su sonrisa en la boca y su creatividad en vena.
Sabiñánigo, aquel pueblo de camino al nuestro, fue nuestro punto de parada para un futuro avituallamiento.
Compramos lo poco que nos hacía falta, y ahora sí: Biescas.
Llegamos a casa y dejamos tirado todo por los suelos para empezar a acostumbrarnos al "desorden" que íbamos a vivir durante dos días.
Poco a poco, fue todo tomando forma, desde aquella cena.
Los detalles de la noche, prefiero ahorrarlos para evitar malentendidos o cualquier otra cosa que se pueda presenciar por culpa de una narración mal hecha. Solo decir, que hubo alcohol, risas, besos, excesos...
Y voy a dejar ya toda esta historia a esta altura. Solo decir que fue uno de los mejores viajes que he hecho a Biescas. Que lo he hecho con la gente que quiero. Con la gente a la que respeto. Con la gente con la que puedo divertirme. Es decir con vosotros.
También lamento la gente que no pudo venir, bien por motivos de trabajo, falta de tiempo, etc...
Solo quería agradeceros a todos (Gema, Roberto, Ana, Chele, Elena, Jony y Dani) que pudierais acudir a algo que era realmente importante para mi, por saber que os tengo ahí y por supuesto, saber que puedo contar con vosotros al igual que lo podéis hacer conmigo.
Esta entrada, no va por todo un viaje con sus aventuras, redes Poodle, alcohol y desayunos a las 4 de la tarde. Esta entrada, va por vosotros, ya que en el fondo, gracias a todos vosotros, puedo ser yo.
Un viaje a la aventura de risas rotas por un puzzle,
que quedaron arregladas al unirnos a la red Poodle.
Con secretos desveladas a la luz de las persianas,
de in sirius patrocinados por aquella tele de plasma.
Con la vida por delante y otro año por detras,
espero que podamos juntarnos otra vez más.
Que gran viaje montaste me alegro tanto de haber podido ir
ResponderEliminarGracias ^^
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