Rompiendo la promesa
de no volver a verte ni en pintura,
me he adentrado en tu cabeza,
Virgen de la Amargura
a jugarme al desastre nuestra suerte,
a absolverte de mis malos pecados.
Bendita la condena,
del puto calentón que me hace fuerte
y beso tus caderas
y quiero prometerte
ser libres como dos versos tachados
del dictado de la revolución.
Me acuso de morirme sin tu boca,
confieso que desde que te has
marchado
solo bailo en los bares donde tocan
la música del vals de los ahorcados.
Virgen de la Amargura,
devuélveme la vida,
sin tí todo es basura,
y noches perdidas
facturas,
calenturas,
heridas sin sutura,
caídas,
conjeturas,
sacudidas,
cerraduras
despedidas de locura y callejón.
Lo nuestro ha terminado,
yo vengo a arrodillarme ante tu cama.
Te rezan mi soldado
y el palacio está en llamas,
Mi general arría las banderas,
las fieras entran en la catedral.
El rey murió en el campo de batalla,
la reina se ha pasado al enemigo,
yo no me cuelgo más que la medalla
de no saber contar, menos contigo.
Te vas y no te vas
y cuando vienes
rezo para que los trenes
se equivoquen de estación.
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