viernes, 11 de mayo de 2012

Mujeres bicicleta

Si me pongo a pasar hojas del libro filantropía,
me arriesgo a decir que esta boca no es mía.


Tiempo oxidado por el desconocimento, 
de un provócame, si te parece que miento.


Sonrisas íntimas, que me precisan en la ruina, 
allá por donde pasan, las oscuras golondrinas.


Por cafeses auriosos en compañía de nadie, 
taciturnos, inoportunos, con aire a desaire.


Reviso el temario de tu vida, en un triste borrón,
me hacen darme cuenta, que el que sobro soy yo.


Sobro no de una vida, si no de una canción,
En la que solo tiene sitio, un triste corazón.


Que se abraza al olvido, donde trata de olvidar,
que distancia recorrer, para volver a mirar.


Aquellas hojas con olor a vejez,
con tacto rugoso y de cierto rojez.


Que me hacen cerrar por fuera el libro del interior,
donde se refleja perfectamente, como era, en mi vida anterior.


Una daga de recuerdos que se clavan, en una torre con olor a ruindad,
Donde poder guardar los trocitos, de una vieja ciudad.


Y la dejé olvidar, donde el olvido ahora firma sus acuerdos,
donde se acuerda del olvido, de que los corazones vivos, ya están muertos.



Construida por mujeres bicicleta, difíciles de enterder, fáciles de bragueta,
Contruidas por mujeres lascivas, que se llevaron mi todo, mis ganas, mi vida...

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